
La selva representó para Horacio Quiroga un lugar en el que pasó parte de su juventud y al que regresó en su madurez buscando una vida que nunca logró tener: una vida rural dedicada al trabajo en el campo, en renuncia inclusive a su labor de escritor. Huyendo inutilmente de la fatalidad que siempre lo persiguió, pasó sus últimos años en aquel remoto lugar condenado de manera inevitable a su destino trágico.
La selva fue, además del anhelo de una existencia sencilla y tranquila, fuerte inspiración para su singular narrativa. En 1918, publicó Los cuentos de la selva, originariamente escritos para sus hijos, en ellos explora sus muy serias y angustiosas dudas acerca de la supuesta victoria del hombre sobre la naturaleza, sobre el sino del hombre, amenazado siempre por una indescifrable fatalidad cósmica.
En estos relatos, la naturaleza salvaje no es sólo un paisaje que armonice con el peregrinar del hombre, sino es la protagonista que le da sentido total a la historia. Los animales que en ella habitan son presentados casi siempre como superiores al hombre. Sometido a un destino inexorable, cada animal juega su papel con fuerza y humildad; elemental, sencillo y temible, se sabe nacido para morir, acepta la dura ley de la existencia: la lucha, la supervivencia del más apto y el ciclo eterno de la muerte y la resurrección.
Imagen: Henri Rousseau, Tigre en la tormenta tropical, 1891.
martes 25 de marzo de 2008
Quiroga y la selva
Por
Emanuelo
Tema:
Horacio Quiroga
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